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Maria Lionza

 

MARIA LIONZA, MITO, LEYENDA,  REALIDAD.

Las leyendas sobre la diosa encantada de Sorte en el Estado Yaracuy son variadas y unas más que otras pintoresca, pero saber cual de ellas es la verdadera es bastante difícil porque a través del tiempo el hombre se ha encargado de rodear estas leyendas con  un poco mas de folclor, pero en lo único que  coinciden todos los estudiosos, es su nacimiento en tierras venezolanas y en su mestizaje de raza, en la preservación de sus virtudes, primero niña, después adolescente, joven precoz en el conocimiento de la naturaleza y mujer amorosa, en pleno despegue de su madurez.

Hablar de María Lionza es reconocer sentimientos y creencias que forman parte de nuestra identidad cultural como venezolanos, ya sea a través de los bienes culturales tangibles (como la escultura de María Lionza de Alejandro Colina en Caracas), los bienes vivos o intangibles como lo es su mito, su rito, su culto o tomando en cuenta los bienes naturales como el Monumento Natural María Lionza (Montaña de Sorte en Yaracuy). Cada uno de estos espacios se conecta, superponen y se proyectan a lo largo y ancho de Venezuela y América.

 

La Señora  Laura S. Leret, a través de sus estudios sobre el mito de María Lionza nos presenta la siguiente reseña:

“……Era el año de 1499, las expediciones españolas penetran en los territorios indígenas de las montañas selváticas. La abrupta vegetación impide el acceso. Las agudas pendientes exigen desmontar los caballos. El sudor empapa las vestimentas. Los hombres se refrescan bajo las copas de inmensos árboles; abunda el agua de los manantiales. Son las tropas entrenadas del capitán Ponce de León, los refuerzos solicitados para dar la batalla final al Fiero cacique Yaracuy. Los jefes de las otras tribus visitan el enclave del guerrero. Su ejército crece con la participación de los Zarares, los Yaritaguas, los Taranas, inclusive los Acariguas con quienes había tenido tantas disputas, aprueban su mando.

Yaracuy se concentra en la guerra, en las estrategias. No es oportuno el nacimiento de su hija. No sabe como interpretar el presagio: una mujer con ojos claros.

Manaure, el consejero de la tribu, ve en la niña a una deidad femenina. Convence al padre de alejarla del bohío; selecciona a las mujeres, entre ellas, a su madre, y a los guerreros que la acompañan en su refugio; un lugar en lo alto de la montaña, rodeado de ríos y quebradas, de abismos y pantanos. Ni siquiera su padre la visita. Sólo Manaure, su guía.

Yara desarrolla facultades sobrenaturales. Se entiende con los animales; con las mariposas y las grandes culebras de los ríos. Su visión y comprensión del sufrimiento hace que los indios sientan su presencia; murmuren sobre la misteriosa joven, la invocan; solicitan su ayuda para soportar el maltrato del conquistador que ya se ha hecho dueño de su territorio.

El capitán Ponce de León, también desea conocerla; los colonos llaman a la montaña donde ella vive: Bonne Sorte; infranqueable, las guerrillas indias aún defienden esta plaza gracias a las emboscadas. Sor Ana, una monja de las misiones, entabla conversación con un indio quien dice conocer la ruta; en el camino son interceptados por los guardianes y llevados ante la presencia de la Reina.

En la entrevista, Yara está semi desnuda, sus formas son musculosas y su pelo lacio cubre sus hombros; sus ojos verdes con vetas amarillas asemejan los ojos de los jaguares. Accede al encuentro con Ponce de León, pensando que le ayude con su pueblo. Sor Ana desea protegerla y le sugiere que se vista como las mujeres españolas y use el nombre de María del Prado De La Talavera de Niva; así registrado en el libro de visitas.

Ponce de León quedó extasiado por su belleza física, por su expresión, por su inexplicable conocimiento del castellano. María se queja del humillante trato que reciben los indios esclavos; no excluye en su clamor aquellos que pactaron con los españoles en contra de su padre.

El gobernador pudo apresarla, someterla, quedarse con ella; al contrario, sucumbió ante su imponente presencia. Le hizo muchos obsequios y entre éstos le presentó una danta que llamaban Onza para que la montase de vuelta a su reino. ( El mito de María Lionza -Gabriel Jiménez Emán

La Leyenda María Lionza Laura S. Leret

LIBRO “YARA” DE HOMERO SALAZAR…  EN: http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/6767043.asp

Miércoles, 29 de marzo de 2006

 

María Lionza representa  el fenómeno religioso mas autóctono de nuestra región, donde los devotos creyentes en su fuerza espiritual, le adquieren múltiples significados según la percepción de cada observador:

Para los devotos ella es:  la Gran Madre Cósmica,

para otras religiones: cultos satanizados,

para intelectuales y políticos: rescatable como símbolo de identidad nacional

y  para estetas y urbanistas: la escultura del maestro Colina la cual formará parte de la memoria visual y ornato público y así ad infinitum

 

Cuando se establece la conquista, se estrechan las relaciones entre los diferentes grupos raciales, dando origen al mestizaje. De ahí  resulta que los indígenas transmitieran gran parte de su tradición cultural, la que a su vez, se mezclaría para dar origen entre muchos otros, al culto que hoy conocemos como María Lionza. Tomando las palabras de Marcel Mauss, citado por Barreto,  el mito fue sujeto a necesarias y nuevas interpretaciones que fue creando algo así como un mito de ese mito, configurándose como la religión de salvación colectiva que, en los años siguientes, se extiende a toda la geografía del país hasta llegar a ser hoy, la religión más popular de Venezuela, y que traspasando sus fronteras, ha penetrado en los países vecinos.

Para algunos folkloristas la Virgen de Coromoto es María Lionza, quien se manifestó a los indios  hace aproximadamente 350 años y los frailes dijeron más tarde que se había aparecido la Virgen María. Por efectos del sincretismo religioso y del mestizaje cultural que se da en el pueblo venezolano, la Virgen de Coromoto y la Divina Pastora tienen mucha semejanza con María Lionza. (Maldonado Bourgoin, Alejandro Colina, El Escultor Radical, p. 68).

En las palabras del propio escultor Alejandro Colina:“María Lionza alzada asi, firmes las pantorrillas sobre los ijares de la bestia que simboliza la fuerza y las manos en alto sosteniendo una ánfora en forma de pelvis de mujer, vaso de creación y creatividad, que debía contener el fuego olímpico, es la inteligencia pura , la destreza y la agilidad a un mismo tiempo” en otras palabras en la estatua, se conjugan unas concepciones indígenas con el ideal griego del atleta, definido como persona “hermosa y buena” y además el conocido lema Mens sana in córpore sano.

Dentro de nuestro contexto religioso María Lionza representa la agilidad, la inteligencia, la Madre Eterna. Los brazos en alto, la pelvis femenina, simbolizan la fertilidad, la fortaleza del cuerpo y del espíritu. La danta sobre la que está montada era considerada por los pueblos indígenas como un totem o animal sagrado, al cual llaman “shama”, apelativo similar al de “shamán”, nombre de sus piaches o sacerdotes. La danta, por sus caracteres somáticos, resume la idea del cruce de distintas especies animales. En este monumento, se muestra a la danta aprisionando con sus patas una serpiente, simbolizando ( lo que se creía en ese momento) dominio sobre el odio y el mal.

En muchas regiones del continente la danta o tapir, eran empleados hasta la llegada de los españoles como animales de carga.” (Domínguez. 1992. p p. 136, 137, 138)

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